Nunca es tarde si la dicha es buena

Por Silvio Benítez.

Era media tarde, la puerta entreabierta y radio bemba en vivo desde el lejano y esperazandor Egipto. De súbito unos gritos afloraron en la herrumbrosa verja. Era Robertico un tipo con dicha en el arte del negocio y la bolsa negra que un buen día decidió marcharse y probar suerte en la fría Rusia.

De sopetón su rostro no logró distinguir, había cambiado muchísimo desde la última vez que nos entrecruzamos. Su visita me tomaba por sorpresa. En el fondo no entendía cual era el motivo de la irrepentina visita si ambos estábamos en caminos diametralmente opuestos.

Abro la puerta y lo invito a pasar. Más tarde le ofrezco una taza de café para ir aminorando tensiones. Lo noto demasiado inquieto, el giro de los ojos por sí solo delatan el desosiego del joven. Las palabras de bienvenidas se las voy sacando a cuenta gotas. En el fondo no entendía ni pitoche qué se traía entre manos éste muchacho. Le pedí por favor que dejara aún lado la aprehensión y fuera al grano con el asunto.

Al fin decide calmarse y contarme los motivos que generaron el inesperado encuentro. Por internet había descubierto la otra -cara oculta- de Cuba y quería aportar algo aunque fuera inerme a la causa de la libertad.

Después de pronunciadas las conmovedoras palabras, la conversación empieza a fluir distendidamente. Él narra en detalles los inventos y maromas a que se expone en cada viaje que realiza hasta la ciudad rusa de Stalingrado, ganando en el mejor de los casos un minúsculo porcentaje que malamente le sirve para convivir junto a su familia en la Habana.

Él también alega haberse acostumbrado a los duros vaivenes de la vida a pesar del irrefutable dolor que provoca estar separado de sus seres queridos y de la tierra que lo vio nacer.

Pero lo que no se puede perdonarse Roberto es el tiempo que perdió viviendo de espaldas a la realidad cubana. Ahora él es otra persona gracias al distanciamiento y a la misma diáspora. Por lo pronto sus aspiraciones son corregir sus errores y ayudar en la construcción de una nueva Cuba sin los Castro.

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